domingo, 27 de julio de 2014

Así permaneció preso Carvajal en Aruba


Hugo Carvajal arribó a Aruba el pasado miércoles 23 de julio, al final de la tarde. Llegaba a bordo de una aeronave particular, de siglas norteamericanas, propiedad de Roberto Rincón. Abordo también viajaba un amigo del hijo de Rincón. La torre de control les pregunta la naturaleza del vuelo y le informan que es particular. También preguntan si a bordo hay algún funcionario diplomático y el piloto responde que no. Carvajal desciende solo, con un equipaje de mano, donde luego detectan varios teléfonos, pasaportes e identidades diversas. Ingresa a la inmigración con pasaporte particular. Después de ingresar es detenido por una comisión de la policía encabezada por dos oficiales, uno de ellos con 20 años de experiencia y el otro sub-fiscal del aeropuerto, quien le reporta directamente al fiscal que el viernes 25 de julio en la mañana imputó a Carvajal. Los dos oficiales detuvieron a Hugo Carvajal y le informan que las razones obedecen a una orden de captura emanada de una Corte Federal de la ciudad de Nueva York. La medida de inmediato se relaciona con la captura de un ex juez en el aeropuerto de Miami y con unas declaraciones del ex magistrado Eladio Aponte Aponte. Durante seis horas Carvajal rinde declaraciones en una pequeña oficina en el ala derecha destinada al ingreso de aviones privados. Se le imponen sus derechos y le entregan copias de las actas de declaración y de sus derechos. Todo en holandés, sin traductor, ya que es una norma que el holandés es el idioma para asuntos oficiales y legales. Es trasladado esposado y con custodia a la estación de policía de Santa Cruz, considerada de alta seguridad, he ingresado a las celdas de la comisaría. Le requisan sus efectos personales, le retienen relojes, teléfonos, prendas, lentes, dinero, billetera, cinturón y trenzas de los zapatos, casi todo. Sólo le permiten la ropa que lleva puesta. Le requisan con guantes quirúrgicos y al día siguiente es reseñado en otra estación de policías. Le ingresan a una celda de unos 3 metros de largo, por 1.50 de ancho, donde duerme sobre una colchoneta de goma espuma, sin sábanas ni almohada, incomunicado, sin visita a ningún lado. Con el aeropuerto cerca sólo puede oír el sonido de los aviones. No hay televisor ni radio, mucho menos periódicos. La temperatura es muy alta y en la noche hay muchos zancudos y mosquitos. Sólo lo pueden visitar sus abogados y funcionarios consulares. No se le permiten más visitas. Le dosifican los cambios de ropa y artículos de aseo personal. No se puede afeitar. Sólo le abren la ducha dos veces al día. Los alimentos son queso o boloña en la mañana y en la noche, no puede recibir otra cosa. El almuerzo llega al mediodía y lo provee una empresa de catering de aviones. Debe comer sin cubiertos, con las manos. No puede tomar refrescos o jugo. Sólo el agua que oportunamente le brindan. No puede fumar y tiene la opción de tomar sol unas horas al día y caminar en una gran jaula bajo el inclemente sol. El retrete es un tazón de metal incrustrado en la pared, cuya agua cambian sólo tres veces al día. La celda es de las primeras del segundo pasillo. La temperatura alcanza más de 30 grados. Un guardia vestido de negro los atiende a todos y la seguridad está reforzada por funcionarios policiales. En la estación de policías están molestos porque dejan sus labores para custodiar a los detenidos. Al comienzo el gobierno de Holanda no lo reconoce como diplomático, ya que nunca fue aceptada su designación como cónsul. Las inmediaciones están tomadas por marines de la Armada Holandesa. Ocasionalmente Carvajal sale de su celda y es trasladado a una oficina con aire acondicionado, donde es interrogado por agentes de la DEA. El asesor del departamento de Seguridad Nacional de Aruba es Luis Correa, ex funcionario venezolano. El jueves en la tarde trasladan a Carvajal a varios sitios en Aruba para hacer algunas verificaciones. El viernes a mitad de mañana es trasladado en un vehículo especial, blindado, negro, esposado y con chaleco antibalas, custodiado por una caravana de patrullas de policía al Palacio de Justicia de Oranjestad. Al llegar es ingresado a una pequeña celda con aire acondicionado y luego junto a sus abogados, el fiscal, de cabello blanco, delgado, que sólo habla holandés, lo imputa de la solicitud de extradición de una Corte Federal de Nueva York. Seguidamente pasó al despacho de la juez-comisario. Ésta verificó se le respetaran sus derechos, los procedimientos y lo manda a otro sitio de reclusión más seguro. La historia da un giro cuando el gobierno de Holanda acepta repatriarlo a Venezuela.








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